La cuestión cubana (parte 1) – Estalinismo y trotskismo

Wiliam Felippe

La cuestión cubana ha generado una intensa polémica en la izquierda. ¿Cuál es el lado correcto de la barricada de la lucha de clases ante las protestas populares que estallaron en la isla el pasado 11 de julio? ¿Del lado de los manifestantes o del lado del gobierno de Diáz-Canel y del régimen del Partido Comunista de Cuba?

El bloque estalinista-castrista-chavista

La respuesta a estas preguntas, dada por los estalinistas, castristas y los que se han agrupado en las últimas décadas en torno al chavismo, repite la vieja fórmula de siempre: “las manifestaciones están orquestadas por el imperialismo yanqui, y debemos cerrar filas en torno al gobierno socialista de Cuba, en defensa de la revolución”. Fórmula que se ha repetido al menos desde la Rebelión Obrera de 1953, en Alemania Oriental, el primer gran levantamiento del proletariado contra la burocracia estalinista, que ha sido aplastada por las tropas soviéticas: 55 muertos, 20 condenados a muerte y 15.000 presos políticos. La insurrección, que golpeó Berlín Oriental y otras ciudades, fue descrita por el gobierno “comunista” como “contrarrevolucionaria y comandada por el imperialismo de Alemania Occidental”. [1] Tres años más tarde, se utilizó el mismo mantra para justificar el avance de los tanques soviéticos que aplastaron la Revolución húngara de 1956; en[2] 1968, fue el turno de la Primavera de Praga en Checoslovaquia. A principios de la década de 1980, el sindicato Solidaridad, en Polonia, también fue descrito como “contrarrevolucionario y comandado por el imperialismo”. Sólo por nombrar algunos episodios notables de las revoluciones antiburocraticas que ocurrieron en la segunda mitad del siglo 20.   

El bloque estalinista-castrista-chavista no muestra argumentos, sino que sólo apela a los justos sentimientos antimperalistas y a la solidaridad con las revoluciones socialistas que animan la vanguardia del proletariado en todo el mundo. Hoy, en el caso de Cuba, enarbolan la bandera del fin del bloqueo económico de los Estados Unidos. Pero utilizan esta justa lucha internacionalista con el objetivo de defender el régimen dictatorial del Partido Comunista de Cuba, buscando así confundir y engañar a la vanguardia revolucionaria y antimperalista   latinoamericano y mundial. Además, como siempre, se niegan o son incapaces de hacer un   análisis del carácter de clase de las rebeliones obreras y populares, como la que se está produciendo en Cuba. Aferrados al hecho de que el imperialismo busca dirigir los levantamientos, ponen orden en la caracterización de que los manifestantes son “oportunistas, contrarrevolucionarios y mercenarios financiados por el gobierno de los Estados Unidos”, como Díaz-Canel  repitió una vez más para justificar la represión de los miles de insurrectos de Cuba.

El “argumento” más sólido contra cualquier insubordinación, ya sea contra los antiguos “geniales guías de los pueblos” y “grandes timoneles”, o contra los actuales “comandantes”, siempre ha sido la fuerza: desde los Gulags (campos de concentración) y la eliminación física de miles de revolucionarios por la contrarrevolución de Stalin en la Unión Soviética, en la década de 1930, hasta el asesinato de Trotsky por un agente de la GPU, en 1940; desde los tanques soviéticos que aplastaron las revoluciones políticas proletarias en Europa del Este, pasando por la masacre de miles de manifestantes en el Levantamiento de la Plaza de Tiananmen, por el Ejército Popular de China, [3]en 1989, hasta los palos exhibidos por las “brigadas de acción rápida” y las armas de los “boinas negras” que hoy reprimen a las masas rebeledas en Cuba.

Un verdadero ejército de líderes políticos, como Lula, Boulos, López Obrador, Cristina Kirchner, Evo Morales, entre otros, e intelectuales, periodistas y artistas de izquierda se posicionan actualmente junto a Díaz-Canel y Raúl Castro, encubriendo su política bajo la bandera antiimperialista del “fin del bloqueo yanqui a Cuba”. [4] Del mismo modo que, en el pasado, los líderes e intelectuales de este bloque se han perfilado junto a los burócratas y dictadores de Moscú y los demás gobiernos de los estados burocráticos de Europa Oriental y China. Defensa incondicional que se extendió a dictadores burgueses, como el sanguinario Muamar Gadafi, de Libia, y el carnicero Bashar al-Assad, de Siria, frente al levantamiento de los pueblos árabes, que comenzó con la Primavera Árabe y se extendió hasta la Guerra Civil en Siria. Su lado de la trinchera sigue siendo el mismo: del lado de burócratas y dictadores “de izquierda”. Según estos líderes, intelectuales y artistas, los pueblos tienen derecho a rebelarse contra gobiernos como Piñera, Duque y Bolsonaro, ¡pero no tienen ese mismo derecho cuando se trata de Díaz-Canel y Raúl Castro!

Trotskismo

Si, en el caso de Cuba, no se puede esperar nada diferente del bloque estalinista-castro-chavista, no debería ser el caso de las corrientes trotskistas, especialmente después de la experiencia histórica de las revoluciones antiburocraticas ya mencionadas.

Trotsky, junto con Lenin, estuvo a la cabeza de la Revolución Rusa de 1917, y ambos también iniciaron la lucha contra la burocracia estalinista que estranguló al Partido Bolchevique e impuso una contrarrevolución burocrática en la URSS. Después de la muerte de Lenin, en 1924, Trotsky sentó las bases para el análisis marxista de la nueva burocracia soviética, sobre la que se construyó el programa político de la IVª Internacional en relación con la URSS, apoyado en dos pilares: la defensa incondicional de la URSS frente a cualquier ataque del imperialismo, y la revolución política, es decir, la revolución de la clase obrera contra la nueva burocracia gobernante. Para Trotsky, la defensa de las bases obreras y socialistas de la URSS no era lo mismo que defender la burocracia soviética, sino que, por el contrario, presuponía el derrocamiento de la dictadura burocrática por la revolución proletaria. [5] Sobre este legado teórico y programático, el trotskismo pudo analizar y actuar frente a los nuevos estados burocráticos y las nuevas burocracias que surgieron post la Segunda Guerra Mundial, en Europa oriental, China y Asia oriental, y, en la década de 1960, en Cuba.

Sin embargo, las enormes presiones del estalinismo soviético, el maoísmo chino, el castrismo-guevarismo cubano pronto se sintieron sobre la dirección de la IVª Internacional, lo que llevó a la adaptación teórico-programática y la capitulación política de las principales direcciones trotskistas. Empezando por la dirección de la IVª Internacional en la posguerra, encabezada por Michel Pablo y Ernest Mandel, con su teoría sobre el “doble carácter” y el “papel progresista” de la burocracia soviética frente al imperialismo, y su política de “enrismo sui generis” en los Partidos Comunistas, que fue la base de la “diáspora” del trotskismo en la post-Segunda Guerra Mundial. En la década de 1960, sería el turno de la dirección mandelista, al frente del Secretariado Unificado de la IV Internacional (SU), caracterizar a los líderes de la Revolución Cubana, Fidel Castro y el Che Guevara, como una dirección socialista revolucionaria, lo que llevó al abandono del programa de revolución política para Cuba, imponiendo otro retroceso al trotskismo, particularmente en América Latina. Incluso Nahuel Moreno, líder de la corriente del trotskismo a la que nos afiliamos, al principio se dejó engañar por el carácter socialista revolucionario del castrismo-guevarismo. [6] El error se corrigió más tarde, pero no sin cobrar un alto precio: la pérdida de un importante sector del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores, de Argentina), el “mejor equipo directivo que ayudó a construir”, según el propio Moreno, a la concepción de la guerrilla urbana, que arrastró en la década de 1970-80 a la mayoría de la vanguardia latinoamericana, que terminó siendo liquidada por las dictaduras burguesas en todo el continente.

Pero, se haga justicia, la capitulación y los errores de estos líderes trotskistas a la burocracia tuvieron lugar en una etapa de grandes avances de la revolución socialista en la URSS, China y Cuba, con la mejora de las condiciones de vida del proletariado, consecuencia de la expropiación de la burguesía y el latifúndio, de la confrontación de facto y no sólo en palabras al imperialismo y al fascismo. En esta etapa, la dinámica de la restauración capitalista ya se imponía como consecuencia del carácter burocrático de estos estados obreros, del programa estalinista de “construcción del socialismo” de forma aislada en cada país, y la consolidación de la política de “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Sin embargo, el papel contrarrevolucionario de la burocracia soviética, maoísta y castrista, todavía, estaba eclipsado en gran medida por los grandes logros de la revolución socialista.

Si estos hechos no sirven para justificar los errores y capitulaciones de las direcciones de la IVª Internacional en el siglo 20, al menos servirán para resaltar el triste papel reservado a algunos trotskistas del siglo 21, que hoy capitulan ante la dirección del Partido Comunista de Cuba, no en su apogeo, sino en un momento en que su política contrarrevolucionaria de restaurar el capitalismo está plenamente evidenciada por la historia. Es el caso de la dirección de la Resistencia/PSOL, desde Brasil. Lo que vamos escribir en la parte 2 de este artículo.


[1] Lea la información sobre este levantamiento en https://pt.wikipedia.org/wiki/Revolta_de_1953_na_Alemanha_Oriental

[2] Para el estudio de este período vacío el texto de Nahuel Moreno, https://www.marxists.org/espanol/moreno/1950s/mhrh.htm#_Toc534111157

[3] ver https://pt.wikipedia.org/wiki/Massacre_da_Pra%C3%A7a_da_Paz_Celestial_em_1989

[4] Vea el Manifiesto Que Cuba Viva, https://www.letcubalive.com/

[5] Para conocer las posiciones de Trotsky, lea https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1938/programa/cap02.htm#17

[6] Para el estudio de este período, lea el “Prólogo” al texto “Un documento escandaloso”, escrito por Nahuel Moreno, en El partido y la revolución, 2008, Editora Sundermann.

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